Como la anterior, esta carta es una conmovedora despedida, en la cual Francisco no olvida a nadie; también él alude «a mi querida y buena hermana y tan sensible Glady», a la cual dedica un párrafo más largo. Antes de comparecer delante de Dios, quiero cumplir con mi deber. Adiós, madre mía, adiós, padre mío, para siempre, adiós. Necesitáis de toda vuestra religión para sobrellevar con ánimo la muerte de dos de vuestros hijos, a quienes habéis prodigado, hasta d presente, todos vuestros cuidados maternales y paternal.1
Ponte pronto en condiciones de atender a nuestros 7 padres en los días de su vejez.
Adiós, Fany; adiós, Babet; adiós, Leonor, conozco vuestra sensibilidad, por ello os digo que busquéis vuestro consuelo en vuestra religión. Adiós, mis queridas pequeñas, nosotros, nosotros…8 nos encontraremos un día. Adiós, rogad a Dios por nosotros…
Adiós, mi digno y respetable primo, adiós… Adiós a las dos pobres huérfanas Guyot, nuestras primas, adiós. 9 Dentro de 3 ó 4 horas vamos al suplicio e iremos con la firmeza del hombre que no tiene de qué avergonzarse.
Fco. Thenevet menor
2 Sigue una tachadura.
3 Sigue una repetición tachada.
4 Aquí hay «da».
5 Tachadura.
6 Tachadura.
7 Sigue una corrección que parece decir: «nuestra familia y nuestros padres».
8 Repetición de una parte de la palabra que sigue.
9 De nuevo se repite una parte de la palabra que sigue.





Sabemos simplemente que las religiosas de San Pedro tenían una gran devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y también a la Eucaristía, que cuidaban mucho el rezo de los salmos del Oficio. El corazón de Claudina quedó sin dudas marcado por todo eso.
