Mostrando entradas con la etiqueta biografia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta biografia. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de agosto de 2009

Carta de Francisco Thévenet, 5 de enero de 1794.

Como la anterior, esta carta es una conmovedora despedida, en la cual Francisco no olvida a nadie; también él alude «a mi querida y buena hermana y tan sensible Glady», a la cual dedica un párrafo más largo.

Francisco acentúa más que el hermano el aspecto religioso; quizá por esto Luis se cree en el deber de añadir al pie de la carta de su hermano menor: «El contenido de la carta de mi hermano menor, es también la expresión de mis sentimientos».

Reproducimos el texto de la carta con los errores gramaticales, y añadimos al pie de página algunas notas explicativas.

"A las 7 de la mañana.

Antes de comparecer delante de Dios, quiero cumplir con mi deber. Adiós, madre mía, adiós, padre mío, para siempre, adiós. Necesitáis de toda vuestra religión para sobrellevar con ánimo la muerte de dos de vuestros hijos, a quienes habéis prodigado, hasta d presente, todos vuestros cuidados maternales y paternal.1

Adiós, querida y buena hermana y tan sensible Glady. A ti, queridísima hermana, toca cumplir la dolorosa tarea de consolar a nuestra madre. Comprendo que va a ser para ella nuestra muerte un golpe terrible. Nuestra excelente madre, consuélala. Sí, querida hermana, dile que tiene todavía una familia de cinco hijos para los cuales se ha de conservar.2

¡Pero! seremos más dichosos que vosotros. Dentro de 4 ó 5 horas estaremos en la presencia de Dios, de nuestro buen padre. Dile que su hijo antes de morir, abjura todos los errores; sí, siento que la religión es una gran fuerza4 pues me hace mirar la muerte con indiferencia y serenidad.
Adiós, Luis, adiós, mi buen hermano, camina siempre por el sendero de 5 la virtud y del honor y recibirás la recompensa….6 Piensa que eres tú el llamado a ser algún día el sostén de nuestra digna madre.

Ponte pronto en condiciones de atender a nuestros 7 padres en los días de su vejez.

Adiós, Fany; adiós, Babet; adiós, Leonor, conozco vuestra sensibilidad, por ello os digo que busquéis vuestro consuelo en vuestra religión. Adiós, mis queridas pequeñas, nosotros, nosotros…8 nos encontraremos un día. Adiós, rogad a Dios por nosotros…

Adiós, otra vez, padre, madre, hermanas y hermano, tías, tío y primo y adiós a todos nuestros vecinos y amigos.
Vamos hacia el seno de Dios, este buen Padre a quien hemos ofendido mucho, pero de cuya misericordia todo lo esperamos.

Adiós, mi digno y respetable primo, adiós… Adiós a las dos pobres huérfanas Guyot, nuestras primas, adiós. 9 Dentro de 3 ó 4 horas vamos al suplicio e iremos con la firmeza del hombre que no tiene de qué avergonzarse.

Fco. Thenevet menor

1 Sigue un «nous» que no va con la frase precedente.
2 Sigue una tachadura.
3 Sigue una repetición tachada.
4 Aquí hay «da».
5 Tachadura.
6 Tachadura.
7 Sigue una corrección que parece decir: «nuestra familia y nuestros padres».
8 Repetición de una parte de la palabra que sigue.
9 De nuevo se repite una parte de la palabra que sigue.

Actualmente en el Archivo General JM Roma.

jueves, 23 de julio de 2009

Carta de Luis Thévenet, 5 de enero de 1794.


16 Nivoso, año II de la República
a las 7 de la mañana.

“Padre, madre, hermanos, hermanas, primos, primas, amigos, amigas, adiós, adiós. Por última vez, adiós, mi buen padre, adiós, ha hecho usted todo lo que ha podido, nada ha conseguido; nuestra suerte estaba decidida, y mi mayor pena es la de llevar conmigo a la muerte a mi joven hermano. Sin mí sus pocos años le hubieran salvado. No hagan a nadie responsable de mi muerte, yo sólo soy el culpable, si lo soy. Modere su dolor, lo mismo que mi pobre madre. Oh, tú, que nos llevas en tu corazón como nos llevaste en tu seno, tú cuyo recuerdo me hace derramar lágrimas y hace vacilar algún momento esta firmeza que nos da nuestra inocencia. Buscad en la ayuda de Dios un consuelo en tan gran aflicción. Adiós, hermanas mías, adiós, oh, mi pobre hermana Glady, cómo te compadecemos todos pensando en tu exquisita sensibilidad; cuídate, te lo ruego, y por el cariño que me tienes. Adiós, Fanny; adiós, Luis, piensa que en adelante eres el único hijo, obra en consecuencia y piensa que has de ser el sostén de toda la familia. No creáis que me olvido de mis hermanas Babet y Leonor, afortunadamente están en Belley, preparadlas para comunicarles nuestra muerte. Adiós, queridas tías, y tú, mi digno y respetable primo, tú…1

Oh, no, son demasiado dolorosos todos estos sacrificios y mis lágrimas se escapan, no puedo contenerlas, adiós, espero que dentro de algún tiempo encontrarás una afectuosa esposa, a quien envío mi despedida y toda mi gratitud, y ella te ayudará a soportar el peso de la vida.

Adiós, mis queridas primas, pobres huérfanas.

Adiós, ciudadana B… Adiós, amigas mías, ciudadanas Billet, madre e hijas. Adiós a todos, mis amigos, mis parientes, a todos los que os interesáis por mí, yo soy menos desgraciado que vosotros. Adiós para siempre, consolaos, consolad a mi pobre familia. Acordaos alguna vez de nosotros. He hecho todo lo que he podido por mi hermano, yo 2 dos cartas a los Jueces, no sé si les habrán llegado. No nos quedan más que 4 horas de vida, vamos a tratar de emplearlas bien."

Thévenet primogénito Thévenet menor

1 En el original hay casi dos líneas de puntos.
2 la palabra que falta está borrada

Actualmente en el Archivo General JM Roma.

domingo, 19 de julio de 2009

La Revolución Francesa en Lyon II

EL PUNTO HISTÓRICO DE INFLEXIÓN

El 5 de enero, domingo, de 1794, poco después del mediodía, Claudina se dirigía a la prisión cuando se vio sorprendida por el cortejo que acompañaba a 43 condenados a muerte que eran llevados al suplicio. La sorpresa se convirtió en dolor inmenso cuando reconoció entre los condenados a sus dos hermanos. Reaccionando con fortaleza extraordinaria, logró acercarse a los jóvenes y recoger de ellos unas conmovedoras cartas de despedida. Al mismo tiempo oyó de sus labios estas palabras: «¡Animo Glady, perdona como nosotros perdonamos!» La Sierva de Dios no abandonó a sus hermanos; siguió con ellos el camino del suplicio; presenció el fusilamiento; vio caer sus cuerpos ensangrentados. Advirtió que se acercaban los soldados y cruelmente remataban a los supervivientes, sin que le fuese permitido aproximarse a los mutilados cadáveres.

Esta es la calle por la que siguió a sus hermanos hasta el lugar de la ejecución final.

El horror de estas escenas marcó para el resto de su vida la hasta entonces robusta constitución de la Sierva de Dios, con un temblor de cabeza y dificultades en su aparato respiratorio. A partir de este momento Claudina renunció para siempre a formar un hogar y ya no pensó más que en Dios y en las almas. La Iglesia perseguida organizaba su culto clandestino, y Claudina, que ardía en celo por la gloria de Dios, hizo cuanto pudo y le permitieron las circunstancias.

Del período inmediato posterior a la muerte de sus hermanos, faltan detalles; parece que tomó parte en las «misiones de Linsolas», colaborando según sus posibilidades en las obras de apostolado organizadas clandestinamente desde que terminó el asedio, como lo hizo luego cuando se inició la libertad de cultos.

POSITIO

domingo, 12 de julio de 2009

Mientras tanto...


el 26 de febrero de 1787 André Coindre nace en Lyon.

Su padre se llamaba Vicente y su madre Marta María. Es el mayor de cuatro hermanos, Marta María, Juana María y Francisco Vicente.

Fue bautizado en 1793 en la Iglesia de Saint-Nizier por el Abate Antonio José Lernoix, quien 5 años más tarde sería víctima de la revolución. Allí también celebró su primera misa.
André Coindre contaba 6 años de edad cuando estalló en Francia la revolución. Desde niño demostró ser intrépido, característica que sería nota dominante en su vida.

Fue su madre quien le enseñó a rezar así como las nociones del catecismo. Una vigilancia esmerada por parte de su familia supo preservarlo de los escollos que pululan en las grandes urbes y hacen naufragar la inocencia. La semilla de una educación tan netamente cristiana, no caería en tierra estéril.

Andrés Coindre tendrá 13 años menos que la Srta. Claudine Thévenet junto a quien en 1818 fundará la Congregación de la que Claudina unirá a su título de fundadora el de superiora general, cargo que asumirá hasta su muerte en 1837.

viernes, 10 de julio de 2009

La Revolución Francesa en Lyon I

La Revolución francesa, desde sus comienzos, tuvo particular gravedad en Lyon. En 1793 Filiberto Thévenet decidió sacar de la ciudad a los cuatro hijos menores y llevarlos a casa de su hermana, en Beley,, ciudad más tranquila; pero los acontecimientos se precipitaron y no pudo regresar a Lyon hasta después de terminado el asedio, en donde habían quedado María Antonieta con los tres hijos mayores: Luis, Claudina y Francisco.

Los dos hermanos de Claudina habían empuñado las armas bajo las órdenes del general Précy, contra los jacobinos, en defensa de la ciudad. Verdaderamente trágica y angustiosa fue la noche del 24 al 25 de agosto, pero los hermanos de Claudina se salvaron incólumes.

El 9 de octubre las tropas del general Doppet entraron en la ciudad y los «convencionales» prepararon su venganza que fue más sangrienta que el asedio. Los hermanos de Claudina fueron encarcelados. La misma suerte le tocó el 23 de noviembre a Luis Guyot, su tío materno, aunque no había tenido ninguna participación en la lucha. Cuando la familia supo el encarcelamiento, hizo todo lo posible para aliviar su situación y procurarles la libertad.

Claudina, de 19 años, comenzó a poner en práctica una serie de arriesgadas obras de caridad visitando a los encarcelados, proporcionándoles alimentos, vestidos y todos los consuelos a su alcance, sirviéndose para ello de los más variados medios y disfraces. En ocasiones tuvo que soportar soeces burlas.

Luis Guyot fue ejecutado el 21 de diciembre de 1793. Claudina continuó prodigando los consuelos posibles a sus padres y a los encarcelados, especialmente a sus hermanos y a los sacerdotes que estaban con ellos y recibieron su última confesión.

POSITIO

miércoles, 1 de julio de 2009

Sacramentos para la santidad

San Nizier, Lyon

Casi podríamos decir que antes de la salida de la Abadía de San Pedro, Claudina tenía sembradas en su corazón las semillas que la harían santa.
El día siguiente al de su nacimiento, jueves santo, fue bautizada en la Parroquia de San Nizier, un lugar especial en la vida de Santa Claudina que comenzaría con el sacramento que le abría la puerta al cielo, que la configuraba desde ese momento con el mismo Cristo, que la hacía miembro de la Iglesia.

Fue en la puerta de San Nizier que años más tarde, las niñas refugiadas en el dintel de su puerta, serían la excusa de la que Dios se valdría para hacerle ver su Voluntad sobre su vida. Es en San Nizier que Claudina le reza a esa imagen de Nuestra Señora de la Gracia, emplazada en la nave sur.
El mismo emplazamiento de St. Nizier está cargado de historia religiosa. Va unido al recuerdo de los cuarenta y ocho primeros mártires de Lyon y de las Gallas, martirizados en el año 177, al del mismo San Nizier, enterrado allí en 573.

Podríamos decir que su destino ya estaba señalado… pero eso es solo una mirada de fe sobre la historia de su vida.

Los años de su infancia al cuidado de las benedictinas de San Pedro nos hablan del cuidado en la educación de su fe, de su vida de oración y con el cuidado con que su religiosa tutora la habrá conducido a su primera Eucaristía y a su Confirmación. La primera historia de la Congregación, basada en los testimonios de los contemporáneos, nos dice además, que Claudina "en los últimos años de su vida recordaba todavía los consejos de su prudente educadora y hablaba de ella con gratitud y veneración".

Nuestra Señora de la Gracia, San Nizier

Sabemos simplemente que las religiosas de San Pedro tenían una gran devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y también a la Eucaristía, que cuidaban mucho el rezo de los salmos del Oficio. El corazón de Claudina quedó sin dudas marcado por todo eso.
Estamos seguros que cuando Claudina sale de la Abadía de San Pedro, en 1789, alrededor de 7años después que fue llevada por primera vez, el Señor ya la había preparado para lo que vendría: el perdón, la fortaleza, la valentía… y más tarde la misericordia, la fe profundizada cada día, la esperanza…

No se enfadaba nunca. Todos la amaban, especialmente por su bondad de corazón". Buena porque es muy querida; muy querida porque es muy buena. Familiarmente la llaman "la violeta", la humilde flor tan olorosa a la que se adivina antes de que se la vea.
Un santo no se improvisa, un santo se forma, se cuida, se piensa, se reza… Dios hace el resto.Claudina lo experimentó y hoy la Iglesia entera la venera.
Extractos de Documentos de Formación
Religiosas JM España

martes, 30 de junio de 2009

Vicisitudes hasta 1792

Abadía de San Pedro, hoy Museo de Bellas Artes

Claudina fue la segunda de los siete hijos del matrimonio Thévenet-Guyot: tres varones, Luis, Francisco y Juan Luis, y cuatro mujeres: Claudina, Elisabeth, Fanny y Leonor.

En 1783, cuando Claudina contaba nueve años, sus padres sufrieron pérdidas de fortuna y tuvieron que reducirse a vida más modesta.

Por esta época entró como pensionista en la Abadía de San Pedro de la Orden Benedictina. Aquí debió recibir el sacramento de la confirmación y por vez primera los de la penitencia y eucaristía, pero no se ha encontrado documento alguno a este respecto. Claudina permaneció pensionista en la Abadía hasta los quince años cuando, a causa de la Revolución, la comunidad tuvo que despedir a sus novicias y pensionistas.

POSITIO

domingo, 28 de junio de 2009

1. Nacimiento, patria y padres

Lyon aérea
La Sierva de Dios, Claudina Thévenet – llamada en religión María de San Ignacio - nació el 30 de marzo de 1774 en Lyon, Francia, de padres profundamente cristianos.
Al día siguiente, Jueves Santo, le fue administrado el bautismo en la Parroquia de S. Nizier, por el vicario J. Reynard, siéndole impuesto el nombre de Claudina. Firman el acta de bautismo: Antonio Burdet y Claudina Guyot, hermana de la madre, que fueron los padrinos; el padre Filiberto Thévenet, el abuelo materno Pedro Guyot de Pravieux, la viuda Steinman, hermana de la madre, el Sr. Chenavard, pariente de la familia Guyot, y el reverendo J. Reynard. Filiberto Thévenet, padre de la Sierva de Dios, natural de Seyssel-en-Bugey (Ain), nació el 21 de octubre de 1734. En fecha desconocida se trasladó a Lyon, donde entró a formar parte del negocio de seda de los Guyot de Pravieux. El 7 de agosto de 1770 contrajo matrimonio con María Antonieta, hija de Pedro Guyot de Pravieux, nacida en Lyon el 28 de marzo de 1746.
POSITIO

Queridos amigos,

Este lugar quiere ser un espacio para compartir los deseos de conocer un poco más a Claudine Thévenet,nuestra amiga querida, una santa para la Iglesia, una fundadora para su Congregación de Jesús María... acá van a poder encotrar detalles de su vida, curiosidades de su obra, y mucho de su espiritualidad. Gracias por visitar este rincón de Jesús María.

Sean bienvenidos siempre.